El progreso opaco del PLD

Es un mito pensar que el desarrollo solo es posible dentro de niveles óptimos de transparencia y honestidad en la administración pública. Casos como el de Rusia, luego de la guerra fría; Brasil o China, demuestran que con importantes niveles de corrupción una nación puede avanzar y mostrar señales inequívocas de progreso y desarrollo.

Se trata de un desarrollo opaco, y muy costoso. Un desarrollo donde hay grandes sobrevaluaciones, trampas, fraudes, tráfico de influencias,  grupos preferidos. Llanamente corrupción.

No obstante, en estos casos de desarrollo opaco se da el fenómeno político-económico de que aún a  habiendo corrupción, las líneas generales de varios gobiernos marchan en pos de metas concretas; sus proyectos se dirigen a obras que agregan valor, multiplican la producción, aumentan la inversión extranjera, dinamizan la economía interna. Amén de los múltiples e inmorales peajes de facto que informalmente se fijan en el camino.

Es un desarrollo que endeuda a generaciones y que a la vez optimiza los medios de producción para pagar esa deuda, en parte justa y en parte injusta.

El Metro de Santo Domingo, el Teleférico de Santo Domingo; la red de pasos a desnivel, elevados y túneles en Santo Domingo. Las autopistas que enlazan a Samaná con Santo Domingo, o al Sur con el Cibao. La multitud de caminos en municipios y pueblos agrícolas. La multitud de escuelas, todo lo cual no escapa a cuestionamiento, pero que innegablemente son tan reales como los puentes romanos que todavía hoy surcan regiones de Europa.

Sin embargo—aún y cuando se beneficie abundantemente de ese desarrollo opaco—ninguna nación puede permanecer siendo atractiva a la economía internacional sin instituciones, sin seguridad jurídica, sin estabilidad legislativa y sin cultura de respeto a los pactos y convenios comerciales, sean multilaterales o bilaterales.

Llega entonces el momento inevitable en que las instituciones, la seguridad jurídica, la transparencia, el respeto a la ley se hacen un imperativo real; no porque moral o idealmente sean lo deseable, sino porque hacen al progreso sostenible, y por eso vienen a ser necesarias para quienes dirigen, y para quienes se benefician del sistema.

Nuestro país, bajo la égida del Partido de la Liberación Dominicana, ha ido trillando una senda de progreso opaco. Tal progreso se verifica en medio de una nube de cuestionamientos, hechos vergonzosos y graves acusaciones—algunas veces, bien fundamentadas. Sin embargo, eso no detiene  la locomotora, pues este partido ha conseguido comprometer los intereses de muchos, y generar beneficios para otros tantos determinantes e influyentes sectores en el proceso—opaco—de desarrollo, que como en otros países, se verifica en nuestro país.

Tienen razones reales quienes alzan su voz contra la corrupción, la falta de transparencia, la debilidad en las instituciones, el nepotismo, el tráfico de influencias y muchos males más. Es cierto que directamente el pueblo sufre las consecuencias de esto. Sin embargo, en Realpolitik la ética es adorno y no pieza fundamental del engranaje.

No planteo una rendición, aceptación, ni justificación al progreso salpicado de cuestionamientos que brinda el Partido de la Liberación Dominicana. Solo apunto al carácter del mismo.

Si todo sigue como va. Si un desastre natural no se lleva todo en 12 segundos o en 45 minutos de viento huracanado; si todo continua así, una próxima generación caminará sobre todo ese progreso—ya dado como un hecho y tenido como una realidad de siempre—sin poder ver las sombras, ni las manchas; enterándose de los escándalos de hoy vía las hemerotecas digitales y análogas disponibles.

Si alguien piensa que el desarrollo opaco, poco ético y cuestionable, no es posible, solo basta ver al primer mundo lleno de potencias que se han lucrado—bancaria e industrialmente—de forma muy cuestionable del resto de pueblos del planeta; potencias que envían a sus propios jóvenes a pelear por nuevos mercados, más materias primas encubriendo tal propósito en extensas consignas propagandísticas y manipuladoras. En esas naciones un niño de once años juega al lado de su abuelo en un parque, y ni uno, ni el otro pueden ver las sombras, ni las manchas en que se cimenta el progreso y desarrollo del que disfrutan.

El camino de la ignorancia a la sabiduría, en cualquier rama del saber o conocimiento humano, va de la oscuridad a la luz. Lo mismo pasa con el progreso y la civilización. En ese tránsito o camino, muchas veces es de rigor que haya un tramo opaco. La historia universal lo atestigua.

Nuestra obligación es no permanecer indefinidamente en la penumbra moral, ética e institucional, sino llegar progresivamente al pleno amanecer, si ello fuera posible.

Finalmente, el actual—y hoy día insuficiente—progreso morado existe y puede verse; aunque no en todo detalle, porque es opaco. Y esto es lo que, a rasgos muy generales, he tratado de expresar en este artículo.

Nota: Más información introductoria sobre la corrupción rusa y china, aquí

  1. a) Corrupción en Rusia: https://goo.gl/ziA8be
  1. b) Corrupción en China: https://goo.gl/ZBp7Eh

Nota: El fenómeno de la corrupción rusa ya existía antes del fin de la guerra fría y era agudo, según estudiosos y especialistas. En el caso chino, también ha habido corrupción allí desde tiempos casi inmemoriales;

Nota: Este artículo intercambia y usa alternadamente las palabras progreso y desarrollo  para referirse al avance verificado durante una gestión política;

Nota: Si alguien cree que este es un texto “opaco,”  lo es,  tal como la realidad que retrata.