No nos ofende la corrupción

En sentido general, netamente la corrupción no está entre las cosas que indignen al grueso de la población dominicana. Tan pronto un hijo de este pueblo accede a una posición de poder en el Estado, son los más cercanos familiares los que le indican “esta es tu oportunidad” y agregan “no desperdicies este chance” y afirman “ahora puedes hacerte con algo”.

Y también son los familiares de cualquier nuevo funcionario, los primeros en exigirle que favorezca con empleos a cuanto pariente cercano necesitado tenga dicho funcionario, y de ser posible beneficie a los que están trabajando concediéndoles contratos para prestar servicios en la institución que dirige ese ciudadano.

Lo anterior se hace primero de forma amable, pero si la persona beneficiada con un cargo público se niega a beneficiar a sus parientes y relacionados, inmediatamente llueven las más crudas maldiciones sobre la persona de que se trate.

Entrar pobre en un cargo, y salir de él con la misma condición de pobreza es ser en nuestro pueblo la quinta esencia de un pendejo andante y despreciable. Nuestro pueblo no solo ve mal que una persona no “cambie” notoriamente a costa de un cargo público, sino que se asquea de ver a alguien que no “aprovecha” esa “oportunidad” de hacerse de algo a costa de un cargo público.

Lo anterior no solo son pensamientos y actitudes reales de nuestro pueblo. Y no solo se trata de comportamientos que cualquiera de los que lee este artículo ha visto más de una vez en su vida. Aparte de lo anterior, los comportamientos y situaciones antes descritas son exactamente aquellas en las que pueden verse envueltos cualquiera de los lectores de este artículo, si de repente resultaren nombrados en un poderoso cargo.

No podemos olvidar que vivimos en un país pobre. No podemos echar a un lado la dramática realidad de que más del 80% de nuestra población activa gana igual o menos de quince mil pesos mensuales (1). No podemos ignorar la cantidad de madres solteras jefas de hogar. Solo tenemos que ver el tamaño de nuestros barrios y cordones de miseria en todas nuestras ciudades. A todo lo cual se suman poblaciones apartadas y arrasadas por el abandono y el hambre. Nuestro país es un país lleno de carencias. Aquí no hay margen para idealismos, ni para posturas de honestidad romántica. La realidad indica que hay que comer, tener un techo, un trapo que vestir, algo con qué hacer frente a una enfermedad y algún capital para vivir “bien” luego, para muchos, poco importa en realidad como se consiga eso.

Lo anterior es la realidad nacional más extensa. Una realidad de la que participan amplias mayorías nacionales.

El ignorar la auténtica catadura moral—flexible y elástica—de nuestro pueblo ha sido uno de los errores capitales del movimiento moral contra la corrupción e impunidad en nuestro país. Hechos como la impresionante cantidad de votos con que fue electo el senador de San Juan en las pasadas elecciones (2) debería de decirnos algo sobre por dónde van los tiros aquí.

Mucho antes de que el ex procurador general de la República, Dr. Domínguez Brito revelara que algunos diputados electos tenían un pasado delictivo e incluso narco, en las poblaciones de las cuales son oriundos tales políticos hace tiempo que se sabe públicamente eso y a nadie le importa y más que eso, aun sabiéndolo votaron en masa y decididamente por tales candidatos manchados.

La gente ve en sus barrios y comunidades como jóvenes y viejos mueren tragados por la miseria, la necesidad y la marginalidad, es un cuadro terrible y a la vez popular y frecuente. Escapar de tal realidad es algo que casi no se piensa en nuestro medio. Tomar un cargo para beneficiar a los suyos es casi un acto reflejo de muchos hombres y mujeres que laboran en el Estado. Sacar todo el beneficio que pueda de un cargo para así escapar definitivamente de la miseria es visto casi más como deber, que como delito en nuestro medio.

¿Qué hacer ante todo esto? Aceptar a nuestra gente tal y como es. Comprender sus circunstancias y el poco margen que esas circunstancias dejan al idealismo romántico de un Estado de instituciones, rectitud y justicia. Y junto a lo anterior hacer merengue, bachata, cuento o canción de la idea de los valores que defendemos hoy. Así lo hizo el profesor Bosch, quien habló a este pueblo primero desde un libro de cuentos. Es una salida muy simple y principalmente posible para los que tengan el talento.

Notas:

  • Artículo de El Caribe sobre más del 85% de empleados del país que ganan menos de quince mil pesos mensuales:

http://www.elcaribe.com.do/2015/12/10/mayoria-gana-menos-15-mil

  • Reporte de Acento.com.do sobre Félix Bautista y Cristina Lizardo como los más votados elecciones 2016

http://acento.com.do/2016/elecciones2016/8349477-felix-bautista-cristina-lizardo-se-mantienen-candidatos-mas-votados/

El progreso opaco del PLD

Es un mito pensar que el desarrollo solo es posible dentro de niveles óptimos de transparencia y honestidad en la administración pública. Casos como el de Rusia, luego de la guerra fría; Brasil o China, demuestran que con importantes niveles de corrupción una nación puede avanzar y mostrar señales inequívocas de progreso y desarrollo.

Se trata de un desarrollo opaco, y muy costoso. Un desarrollo donde hay grandes sobrevaluaciones, trampas, fraudes, tráfico de influencias,  grupos preferidos. Llanamente corrupción.

No obstante, en estos casos de desarrollo opaco se da el fenómeno político-económico de que aún a  habiendo corrupción, las líneas generales de varios gobiernos marchan en pos de metas concretas; sus proyectos se dirigen a obras que agregan valor, multiplican la producción, aumentan la inversión extranjera, dinamizan la economía interna. Amén de los múltiples e inmorales peajes de facto que informalmente se fijan en el camino.

Es un desarrollo que endeuda a generaciones y que a la vez optimiza los medios de producción para pagar esa deuda, en parte justa y en parte injusta.

El Metro de Santo Domingo, el Teleférico de Santo Domingo; la red de pasos a desnivel, elevados y túneles en Santo Domingo. Las autopistas que enlazan a Samaná con Santo Domingo, o al Sur con el Cibao. La multitud de caminos en municipios y pueblos agrícolas. La multitud de escuelas, todo lo cual no escapa a cuestionamiento, pero que innegablemente son tan reales como los puentes romanos que todavía hoy surcan regiones de Europa.

Sin embargo—aún y cuando se beneficie abundantemente de ese desarrollo opaco—ninguna nación puede permanecer siendo atractiva a la economía internacional sin instituciones, sin seguridad jurídica, sin estabilidad legislativa y sin cultura de respeto a los pactos y convenios comerciales, sean multilaterales o bilaterales.

Llega entonces el momento inevitable en que las instituciones, la seguridad jurídica, la transparencia, el respeto a la ley se hacen un imperativo real; no porque moral o idealmente sean lo deseable, sino porque hacen al progreso sostenible, y por eso vienen a ser necesarias para quienes dirigen, y para quienes se benefician del sistema.

Nuestro país, bajo la égida del Partido de la Liberación Dominicana, ha ido trillando una senda de progreso opaco. Tal progreso se verifica en medio de una nube de cuestionamientos, hechos vergonzosos y graves acusaciones—algunas veces, bien fundamentadas. Sin embargo, eso no detiene  la locomotora, pues este partido ha conseguido comprometer los intereses de muchos, y generar beneficios para otros tantos determinantes e influyentes sectores en el proceso—opaco—de desarrollo, que como en otros países, se verifica en nuestro país.

Tienen razones reales quienes alzan su voz contra la corrupción, la falta de transparencia, la debilidad en las instituciones, el nepotismo, el tráfico de influencias y muchos males más. Es cierto que directamente el pueblo sufre las consecuencias de esto. Sin embargo, en Realpolitik la ética es adorno y no pieza fundamental del engranaje.

No planteo una rendición, aceptación, ni justificación al progreso salpicado de cuestionamientos que brinda el Partido de la Liberación Dominicana. Solo apunto al carácter del mismo.

Si todo sigue como va. Si un desastre natural no se lleva todo en 12 segundos o en 45 minutos de viento huracanado; si todo continua así, una próxima generación caminará sobre todo ese progreso—ya dado como un hecho y tenido como una realidad de siempre—sin poder ver las sombras, ni las manchas; enterándose de los escándalos de hoy vía las hemerotecas digitales y análogas disponibles.

Si alguien piensa que el desarrollo opaco, poco ético y cuestionable, no es posible, solo basta ver al primer mundo lleno de potencias que se han lucrado—bancaria e industrialmente—de forma muy cuestionable del resto de pueblos del planeta; potencias que envían a sus propios jóvenes a pelear por nuevos mercados, más materias primas encubriendo tal propósito en extensas consignas propagandísticas y manipuladoras. En esas naciones un niño de once años juega al lado de su abuelo en un parque, y ni uno, ni el otro pueden ver las sombras, ni las manchas en que se cimenta el progreso y desarrollo del que disfrutan.

El camino de la ignorancia a la sabiduría, en cualquier rama del saber o conocimiento humano, va de la oscuridad a la luz. Lo mismo pasa con el progreso y la civilización. En ese tránsito o camino, muchas veces es de rigor que haya un tramo opaco. La historia universal lo atestigua.

Nuestra obligación es no permanecer indefinidamente en la penumbra moral, ética e institucional, sino llegar progresivamente al pleno amanecer, si ello fuera posible.

Finalmente, el actual—y hoy día insuficiente—progreso morado existe y puede verse; aunque no en todo detalle, porque es opaco. Y esto es lo que, a rasgos muy generales, he tratado de expresar en este artículo.

Nota: Más información introductoria sobre la corrupción rusa y china, aquí

  1. a) Corrupción en Rusia: https://goo.gl/ziA8be
  1. b) Corrupción en China: https://goo.gl/ZBp7Eh

Nota: El fenómeno de la corrupción rusa ya existía antes del fin de la guerra fría y era agudo, según estudiosos y especialistas. En el caso chino, también ha habido corrupción allí desde tiempos casi inmemoriales;

Nota: Este artículo intercambia y usa alternadamente las palabras progreso y desarrollo  para referirse al avance verificado durante una gestión política;

Nota: Si alguien cree que este es un texto “opaco,”  lo es,  tal como la realidad que retrata.

Conversaciones del PLD

Cuando el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), salió del poder en el año 2000, se integró a su proceso tradicional de conversaciones internas. Esas conversaciones suscitaron debates, de esos debates surgieron revisiones y de esas revisiones emergieron decisiones que se materializaron en cambios y nuevos cursos de acción que tomaría—en los años siguientes—esa organización.

Durante ese proceso se derrota del PLD en el año 2000 conocí, de primera mano, a personas exasperadas porque no veían que la organización morada—en oposición—estuviese ocupándose de cosas “realmente útiles.” El tiempo ha pasado y el PLD ha vuelto al poder una y otra vez. Se ha establecido como una formación política dominante durante todos estos años y nunca han faltado en esa organización—en medio del triunfo—sus tradicionales momentos de conversación, debate, revisión y decisión. Siempre, por más estable que haya sido la situación del partido morado, han surgido voces autorizadas en su seno llamando a todos a poner atención en una variedad de detalles y llamando a revisión.

Sucede esto ahora, cuando han conseguido una súper mayoría electoral y se han hecho con el poder ejecutivo por un margen de votos nunca alcanzado en el país por organización política alguna. Y hacen esto con llamados muy serios y hasta preocupantes; hay voces en el peledeismo que hoy llaman a su tradicional proceso de conversación, casi con alarmismo.

Esto que hemos señalado es lo tradicional en toda organización política; pero, aquí sólo el PLD practica eso. El Partido Reformista y el Partido Revolucionario Dominicano, una vez desaparecidos sus líderes cabeza, debieron abocarse a una conversación y diseño de estrategia a largo plazo, asumiendo decisiones y compromisos firmes y renovando frecuentemente esa misma conversación; pero, no lo hacen, ni lo hicieron. Se contentaron con girar cheques al banco a su fabulosa herencia política hasta que quebraron sus capitales inmensos y terminaron siendo una fracción—casi facción—de lo que eran.

Hoy, tristemente para muchos, la principal organización opositora (Partido Revolucionario Moderno PRM) está inmersa en procesos de marchas y manifestaciones, dando una rueda de prensa cada semana junto a otras organizaciones, con su líder—Luís Abinader—confundido con el tumulto de protestas en pequeños y grandes municipios del país, sin tener aún un proceso de conversación a lo interno, que sin mayores ruidos evalúe los hechos y los contraste con la opinión de los expertos. Salvo que el azar sonría a esta oposición, en ningún tiempo cercano se vislumbra que puedan derrotar a un oficialismo que, vez tras vez y sentado sobre grandes triunfos, se sienta a criticarse a sí mismo y a llamar a todos sus líderes a evaluación.

Es muy difícil, por ejemplo, creer que se puede tener un vehículo en movimiento toda una década sin revisar el estado de los neumáticos; el aceite y las bujías, la transmisión y el motor; la alineación y el balanceo; pues, tal dispositivo de la modernidad, necesita cuidados y revisiones. La confianza en los cuidados puntuales que el peledeismo ha dado a su maquinaria política es la que llevó a Medina, al aspirar por segunda vez a la presidencia, en 2012, a decir: “Ya no voy al Poder en el viejo (Volkswagen) “cepillo” sino que ahora voy al Palacio en un Mercedes Benz  600” al parecer,  bien afinado. Todo esto, mientras la oposición sigue sin revisarse, montada en un vehículo sin mantenimiento, con los neumáticos en el hilo, pareciendo tener una funda llena de perforaciones por cristal trasero.

Un partido y un matrimonio coinciden en lo que un sabio denominó como “una larga conversación.” Usted no puede salir con su esposa a compartir con otra pareja, hablar y reír hasta la madrugada con ellos y luego regresar a su casa a estar completamente en silencio respecto a su mujer y sus hijos, durante todo el resto del mes. Del mismo modo, ninguna organización política puede caminar sola con un solo pie, planteando una conversación y un debate a la sociedad y a sus adversarios, sin tener a lo interno,  entre ellos, constantemente una seria conversación. Sin embargo, ese es el caso de la oposición más votada en el país. Se trata de un curso de acción política y humanamente insostenible. Y los hechos lo van demostrando.

–—-

Nota: La cita “una larga conversación” respecto al matrimonio, forma parte de la frase atribuida al novelista, biógrafo y ensayista francés Émile Salomon Wilhelm Herzog, mejor conocido por su pseudónimo André Maurois, la cual expresa: “Un matrimonio feliz, es una larga conversación que siempre parece demasiado corta.

Etiquetado

La muy extraña izquierda dominicana

Existe en la izquierda dominicana un grupo que no es para nada extraño, se trata de “los de siempre”. Sin embargo, junto a “los de siempre” ha surgido toda una pléyade de jóvenes promesas intelectuales, profesionales y políticas que tienen un discurso abiertamente progre.

“Los de siempre” en la izquierda dominicana, por lo general, no tenían otra profesión que la de ser dirigentes políticos, y si tenían algún oficio este era ahogado por su escuálido activismo político, escuálido a juzgar por sus resultados.

De otra parte, los jóvenes modernos y progres del mundo de izquierdas en República Dominicana hoy son profesionales brillantes, exitosos en los campos académicos o empresariales en los que se ocupan y algunos, repito, son políticos.

El discurso de izquierdas de estos jóvenes modernos es muy extraño. Los jóvenes modernos de izquierdas en nuestro país defienden los derechos de la mujer, principalmente en cuanto al aborto. Estos jóvenes también están muy a favor de los derechos de las minorías sexuales. También los indicados nuevos progres en República Dominicana simpatizan con otras causas como la legalización de las drogas blandas, la educación sexual plena en las escuelas, la eutanasia y otras bondades del pensamiento progresista. Algunas que, para ser justos, son útiles.

Sin embargo, lo extraño del discurso de izquierdas de los jóvenes progres de República Dominicana es que los trabajadores, sus derechos y reivindicaciones están ausentes en toda expresión teórica de estas nuevas revelaciones de la intelectualidad criolla.

Defender a los trabajadores es causa primaria y objetivo central de todo discurso progresista en el mundo. El ABC de la izquierda internacional ha sido defender los derechos del trabajador. Importantes partidos de izquierda en el mundo llevan este motivo hasta en sus propios nombres, tales como el Partido Laborista inglés, donde laborismo viene de la actividad de los obreros. Lo mismo puede verse en Latinoamérica con el PT brasileño o Partido de los Trabajadores de Brasil y así también con el PSOE o Partido Socialista Obrero Español. Lo obrero, lo laboral, lo que atañe a los trabajadores siempre es motivo de esfuerzo central allí donde hay verdadera izquierda.

Nuestras jóvenes promesas del pensamiento progresista en el país harían bien al incorporar a su lucha el elemento de defensa sincera de la clase obrera para dar más veracidad a su discurso progre. Pues, la ausencia de defensa de los trabajadores en el discurso de estos jóvenes intelectuales criollos, hace lucir su argumento más cosmético que real.

Demasiada paz

Existe demasiada paz cuando se violentan los derechos de las personas, los bienes y capitales públicos, las instituciones y cuando los presuntos o públicamente señalados como autores de tales hechos, no solo permanecen intocables, sino que progresan y ascienden.

Sin embargo, así hemos vivido durante los últimos 20 años. Nos hemos acostumbrado a vivir sin conflictos sociales graves. Es normal para nosotros que entre un año y salga sin ver ningún estallido social, ni tan siquiera el asomo de uno. Nos sentimos bien con la calma de este pueblo en ocasiones, y en otros momentos esa misma calma podría asombrarnos e indignarnos.

El caso es que, estando en un refrigerador social por tanto tiempo, es muy brusco, de repente, querer regresar a este pueblo—como comentaba en otro lugar al “y si me topan esto va a coger candela”, que profirió Peña Gómez en décadas pasadas, ante toda la prensa y vía medios de comunicación televisiva.

República Dominicana es una economía que crece y ha crecido, para pocos, pero con todo ha crecido, esos pocos, son relativamente numerosos y de ellos depende mucha más gentes, que desde chóferes distribuidores hasta ejecutivos se benefician del crecimiento de los grupos y magnates a quienes sirven.

En este país—como también afirmaba en otra parte—desde el ejecutivo de una cadena de hoteles, hasta el humilde dueño de una paletera, se levantan, sin esperar contratiempo alguno, a empezar el día y seguir avanzando sus proyectos y realizando sus tareas. Este es un país distinto de aquél que, también una y otra vez, aceptaba el cierre de todos los negocios y la paralización de todas las actividades, acompañadas de intenso despliegue policial y hasta militar.

Esas movilizaciones son extrañas para esta generación. Sí, porque ya va toda una generación de dominicanos que han vivido ajenos a masivos estallidos sociales en el país. Pueden escuchar a sus padres hablando de abril de 1984, o a sus abuelos hablando de abril de 1965, pero en su tiempo de vida nunca han palpado, ni tenido cerca un abril semejante.

Y ahora aparece un Luis Abinader combativo. Aún aquellos que nunca votaremos por él, reconocemos que es lo que necesitamos, quizás no como presidente, pero si como actor político de oposición. Hemos tenido casi una década sin real oposición. En esa década se han constituido nuevas cortes; se han transformado instituciones; se han iniciado y concluido proyectos, sin apenas discusión. El lamentable estado en que se encuentran ciertas parcelas del Poder Judicial—en el que se ha revelado la existencia de grupos mafiosos—evidencia que el progreso del país no puede ser realizado por un partido en solitario, sin cuestionamientos, ni críticas de nadie: el país necesita oposición.

Ahora bien, Abinader debe llegar a este tiempo. Debe salir de ese pasado en el que, casi no causaba asombro decir “si me topan esto va a coger candela” y entender que para la nube de intereses económicos (nacionales y extranjeros) que gravitan en República Dominicana, es inadmisible que ningún actor político toque esa paz en la que vivimos. La paz es su activo, es sobre el cual, junto a cierta seguridad jurídica y otras garantías estatales, ellos pueden hacer sus negocios y dar empleo.  Abinader, en palabras del pueblo norteamericano se da “un tiro en el pie” al asumir un discurso de confrontación que insinúa que se puede tocar la tecla del quebrantamiento de la paz pública, tal y como lo insinuó antes y después de las pasadas elecciones presidenciales, congresuales y municipales en el país (favor observar esta nota, fuente CDN: https://youtu.be/tg8KyjKrfyk).

Un proyecto político necesita contar con la confianza de todos los sectores, o con grados de confianza en todos ellos. El gran capital nativo y extranjero de este país no puede, ni va a sentirse cómodo con alguien que, reiteradamente, y cuando no es favorecido, ataca con virulencia a las instituciones y a la legitimidad misma del sistema.

Abinader viene demostrando que no es consciente de la influencia que tiene, y lanza irresponsablemente las más agresivas consignas sin pensar que detrás le siguen personas tan alienadas con la política, que son capaces de matar o morir en un altercado con la policía en algún municipio cualquiera.

Al presente, la imprudencia de Luis Rodolfo Abinader Corona, ya está dando sus nefastos frutos, pues recientemente el secretario general del Partido de la Liberación Dominicana, Reinaldo Pared, ha dicho que, “si hay que hablar con alguien de la oposición, ése es Hipólito Mejía” ninguneando abiertamente a Luis, que se ha ganado eso a golpe de imprudencia y tozudez.

Finalmente, es cierto que Luis Abinader es un líder joven, a esa juventud e inexperiencia debería añadir madurez y conciencia de todo el poder que ha recibido en las pasadas elecciones. Ojalá pueda hacerlo. Está a tiempo.

Nota: Respecto a las afirmaciones de Abinader de que peligra la paz pública, aparecen reseñadas y dichas por el propio Luis Abinader en esta nota de CDN: https://youtu.be/tg8KyjKrfyk

20 Mandamientos danilistas

Este es un breve extracto, fruto de la observación y de un moderado análisis, del que emergen 20 características distintivas, persistentes en todo el quehacer del mandatario Danilo Medina Sánchez.

Las características antes indicadas no son limitativas, alguien pudiera advertir otra (u otras) o incluso reordenar su jerarquía, sin embargo, en nuestra opinión estás son las que retratan, de forma constante, esa forma de hacer política, casi enigmática, del activo y silencioso señor presidente.

Veinte (20) mandamientos para los escogidos para el mando. El poder según Danilo:

  1. No hables mucho;
  2. Haz alianzas para obtener el apoyo de tu partido y una vez logrado, aplasta a tus “aliados” y hazte con TODO el control del partido;
  3. Cuida de que tus acciones más visibles sean en favor de los pobres;
  4. Favorece a los poderosos de un modo que les lleve a depender de ti;
  5. Nunca ataques verbalmente, ni te refieras a gente a la que persigues y debilitas y para cuya destrucción trabajas;
  6. Tú y tu grupo son el REAL gabinete. Lo demás es la mampara que requiere la Constitución;
  7. Camino al poder no declares abiertamente tu posición política (izquierda, derecha, centro derecha, centro izquierda, social demócrata, demócrata cristiano) calla;
  8. No increpes a quienes te abandonan, ni alabes a quienes recibes como aliados;
  9. En tu método de combate prefiere corroer como la carcoma o el óxido en lugar de golpear como martillo;
  10. No arranques las cabezas de tus enemigos, prefiere recibirlas entregadas ”voluntariamente” en pública rendición;
  11. Mantente por encima y distante de temas de debate público;
  12. Castiga más al ineficaz que al corrupto;
  13. Pon atención a las minorías y dales importancia; aunque, en realidad las desprecies;
  14. Procura agradar a los enemigos de tu adversario, a la vez que compras a sus aliados;
  15. Conoce al detalle tu programa de gobierno, y procura cumplirlo;
  16. Todas tus acciones deben dirigirse a aumentar tu capital político;
  17. No expulses a nadie de tu lado; crea las condiciones para que los que se deban ir se vayan;
  18. Solo debes chocar frontalmente con gente y entidades aborrecidas por el pueblo, así los corazones de todos se volverán a ti;
  19. Cuando tu enemigo sea más fuerte y tenga la victoria asegurada, acentúa tu rol de víctima; así, aún en la derrota, te harás con el favor de muchos;
  20. Ante todas las cosas sé cínico, cuidándote de no lucir descarado.

Si se mira en retrospectiva los principales y más delicados eventos ocurridos en esta administración, durante los pasados cuatro años, sin dificultad podrá advertirse uno o más de los mandamientos (aplicados) indicados más arriba.

 

La era morada

La era morada fue el tiempo en nuestra historia republicana y democrática en el que confluyó y coincidió el desgaste de la mayoría de las formas de organización civil en República Dominicana con el ascenso de una organización en solitario llamada Partido de la Liberación Dominicana.

Como ha pasado en otros lugares de América Latina, el PLD, como fuerza en solitario, monopolizó a lo interno las tendencias que debían de existir a lo externo de esa entidad política. De este modo, dentro del PLD se encontraba lo liberal y lo conservador. Izquierdas y derechas eran representadas por grupos o facciones moradas.

Desde la acera de enfrente, con una cada vez menor capacidad de reacción, observaba impotente una oposición política atomizada y sin discurso. Junto a dicha oposición comparecía al espectáculo toda una clase académica e intelectual desafecta al peledeismo gobernante, que pese a sus alaridos y gritería analítica no lograban conmover en lo más mínimo al coloso morado que ejercía señorío sobre nuestra sociedad.

Los vicios del control en solitario ejercido por el PLD sobre la nación empezaron a estallar por la justicia, pues el partido morado no pudo disimular el control manifiesto que ejercía sobre la instancia judicial, cayendo esta en creciente desprestigio y constituyéndose en matadero de denuncias y madrina de descargos y archivos repugnantes para aquella parte de la población mejor informada.

Los señores gobernantes morados escuchaban el himno nacional y honraban la bandera con una mano sobre su pecho y bajo sus pies un Estado podrido y torpe seguía tardando en dar respuesta a la familia dominicana que pedía seguridad, mejores servicios públicos y más oportunidades.

El cinismo se abrió paso como nunca antes y las ambiciones de ricos y pobres eran saciadas a cuenta del presupuesto nacional; las licitaciones, licencias de importación, las exenciones fiscales, los subsidios focalizados y olas sucesivas de ascensos militares y policiales; nombramientos, entrega de consulados y embajadas y toda una serie de golosinas diversas destinadas a satisfacer a los más excéntricos ambiciosos de poder público, generaron un mar de lealtades así como un oscuro coro de silencios.

En nuestro país, durante esa era, desde quien no tenía para comer, hasta quien dominaba un patrimonio de cientos de millones de dólares compartían asiento a la mesa del Estado.

El grueso de la población activa golpeada por un salario con el que no cubría el 40% de la canasta familiar no tenía tiempo, ni paz para ir a manifestarse por ninguna causa patriótica nacional, no importa lo sublime que fuese.

Y en el firmamento, en una posición intermedia se movían los operadores del régimen. En este caso esos operadores no eran represores, ni censores de prensa, ni carceleros, ni jueces decretando exilios y encarcelamientos. Los operadores del régimen de la estrella amarilla eran un conjunto de técnicos de muy alto nivel que permanecían inamovibles en posiciones sensibles de supervisión económica y financiera; ellos eran los que hacían posible la estabilidad económica y financiera del país, cuidaban de que no se perdieran los debidos equilibrios en las finanzas públicas y lograban que el país tuviese y retuviese excelentes calificaciones de riesgo, así como no pocos piropos de las entidades multilaterales de financiamiento.

Brilló la estrella amarilla sobre el lienzo morado en toda América Latina, ya que el partido maravilló a los más curtidos analistas de política en el continente por su multitud de triunfos electorales, obtenidos siempre con más del cincuenta más uno del voto popular. Hazaña, para ser objetivos, pocas veces vista.

Habiendo consolidado su dominio y estando confirmada la incapacidad de la oposición formal de superarles hubo una larga etapa en donde fue más sensato cifrar esperanzas en la división interna de esa entidad política, que en cualquier ataque exterior.

Es en esa etapa en la que escribo estas letras, consciente de que hoy por hoy puede que haya quien enfrente al PLD, pero no quien lo supere en República Dominicana.

Estoy en la era morada.

Etiquetado